domingo 27 de septiembre de 2009

Odio, Amor y Vida.


Un día cualquiera, Odio y Amor conversaron a la orilla de un río. Dialogaron sobre la Vida, sin que ella estuviese presente. Odio habló primero:
-Nada de la Vida para mí es novedoso, pues todo lo sé. Conozco la envidia, la insana ambición, el trabajo, el día a día, el maltrato, la pobreza, el hambre, las mentiras, las estafas, las ciudades, los gobiernos, las guerras, el aborrecimiento más profundo del que alguien haya tenido conciencia, el dolor, la agonía, la muerte injusta, las torturas, el castigo, el crimen.

Amor, por su parte, comentó en su singular estilo (gustaba de referirse a sí mismo en tercera persona):
-El Amor no sabe de ira ni rencor, no sabe de momentos agrios ni de algún sinsabor existencial. El Amor sólo sabe de AMOR.

Odio, luego de semejante expresión, indignado responde, refiriéndose a Amor también en tercera persona (irónicamente, por cierto):
-El Amor transita los caminos de la realidad con increible confianza, como quien circula por la casa donde ha vivido siempre, mas olvida que existen demasiadas cosas a su alrededor. El Amor ignora mucho acerca de la Vida, puesto que no la conoce, no sabe nada de ella, nunca la ha visto, no la quiere ver, reniega de esta una y mil veces. ¡El Amor... desea el fallecimiento de la Vida!

Vida, que justo caminaba por ahí, oyó las últimas palabras de Odio. Estas le parecieron cargadas de un impulso extraordinario, y sintió, muy dentro de sí, que las palabras últimas resonaban de manera insólita, tan escandalosa, que lograron imposibilitar la normalidad de su estado. En un intento desesperado por escapar, Vida corrió hacia el acantilado de las Voces Inteligentes, lanzándose al vacío. Murió al instante.

Indudablemente que Amor y Odio se enteraron de esto, al igual que todos los habitantes del mundo. Amor fue enjuiciado, encarcelado y declarado loco. Odio sigue siendo libre. Hoy por hoy lo llaman "El Rey".



Mayda Plant

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